El blanco sigue siendo el color más utilizado a la hora de pintar una casa. Son muchas las ventajas que ofrece. Decorativamente, destaca su capacidad para ampliar visualmente un espacio y la luminosidad que aporta a la casa, y es más fácil de aplicar. Pese a su versatilidad, hay cuestiones a tener muy en cuenta para que el resultado sea el ideal.
1. Presta atención a la luz natural
La pintura blanca es la que mejor refleja la luz, por lo que suele ser la elección automática en ambientes poco luminosos. .
2. Y a la artificial
Por más horas de luz natural que tenga un espacio, no olvides que también tendrás que vivir en él al caer el sol.
3. Aporta textura para conseguir un ambiente dinámico
Una buena solución para ganar sensación de amplitud en espacios pequeños es combinar paredes blancas y mobiliario en blanco.
4. Usa el mismo tono de blanco en las paredes, los marcos y los muebles empotrados 
Es la mejor manera de unificar un espacio y darle una mayor sensación de continuidad visual.
5. Elige pintura mate o satinada según el efecto que quieras conseguir
La más habitual hoy día es la pintura de acabado mate, de aspecto sobrio y elegante, que, en términos generales, disimula las imperfecciones de las paredes y los techos (a menos que lo que se busque sea destácarlos).